Así se ve una recaída por dentro

La gente piensa que la recaída empieza con la sustancia, pero empieza mucho antes.

Empieza con una discusión pequeña, sin sentido pero que te deja mal por dentro. Con una sensación de «ya hice suficiente esfuerzo»

No es impulso, es negociación

«yo puedo», «yo lo controlo», «la ultima», «solo un poco».

La mente no grita, susurra. Y con tu propia voz

No quieres hacerlo, pero tampoco quieres sentir lo que estás sintiendo.

Empiezas a recordar lo bueno, nunca lo malo.

No recuerdas la vergüenza, no recuerdas el sudor frío, no recuerdas a quién le mentiste.

Recuerdas la anestesia.

La recaída es una historia mal contada donde borras los capítulos finales.

Hay un segundo — muy pequeño — donde todavía puedes parar. Lo sabes. Lo sientes.

Y decides cruzarlo igual.

No porque seas débil, sino porque estás agotado de pelear contigo mismo.

Ese es el punto que nadie ve.

Hay alivio. Claro que lo hay. Si no lo hubiera, nadie recaería.

Pero el alivio es corto, artificial, prestado.

Y en el fondo, incluso mientras consumes, sabes que algo se rompió.

La recaída no borra tu progreso. Pero sí te enfrenta con tu dolor sin maquillaje.

Expertos como Gabor Maté han hablado de cómo la adicción no es el problema principal, sino el intento de aliviar un dolor más profundo. Y eso es lo que vuelve en la recaída: no la sustancia, sino el dolor original.

La recaída no es amor por la droga.

Es miedo a sentir.

Publicado por Ramón Morales

Drogas, medicamentos y adicciones: Explorando la ciencia ilícita. http://illicit.science.blog

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar