Paranoia

Cruzando el puente está muy oscuro. Empiezo a sentir que me siguen para asaltarme. Lo siento en la espalda, como si alguien caminara justo detrás, respirándome en la nuca. Miro. No veo a nadie. Vuelvo a mirar. Creo que lo veo. No estoy seguro. Miro otra vez… y corro, porque sé que me siguen.

El puente parece más largo de lo normal. Abajo no hay agua, solo piedras. Pienso en saltar. La idea me atraviesa como un relámpago: si salto, se acaba la persecución. Pero inmediatamente pienso que abajo también podrían estar esperándome, escondidos entre las piedras. No hay salida segura.

Llego finalmente al otro lado del puente. Pienso en ir a la comisaría, solo dos calles para llegar. No paro de mirar si alguien me sigue. No veo a nadie… pero creo que hay alguien adelante mío. Cambio de ruta para no toparlo. Veo gente en bicicletas. Sé que me esperan. Corro en sentido contrario. Vuelvo hacia la salida del puente mirando a todas partes.

Cada auto que pasa siento que reduce la velocidad. Cada faro parece girar hacia mí. Estoy convencido de que todos los autos me siguen. Todos. Y no solo los autos: cada persona que camina por la vereda, cada ventana encendida, cada sombra. Toda la ciudad está despierta para mí.

Veo a una mujer entrando al puente, pero se devuelve. Iba por mí, estoy seguro.

Ahora sí me decido. Corro hacia la comisaría. Solo me falta una calle. Miro atrás: dos personas con bicicletas vienen detrás. Corro lo más rápido que puedo y finalmente llego a la comisaría.

Entro agitado. Y ahí está la señora que iba entrando al puente. Sentada en una silla. Me quedo paralizado. Ella levanta la vista apenas un segundo. Estoy seguro de que está avisando.

No hablo. Me siento lejos. Saco mi libreta de bolsillo. Mis manos tiemblan tanto que apenas puedo sostener el lápiz. Escribo grande, desordenado:

“tengo miedo”
“paranoia”
“paranoia”
“paranoia”
“no es real”
“nadie te sigue”
“calma”
“no es real”

Levanto la vista a cada segundo. Miro alrededor. Vuelvo a escribir. Las palabras se pisan unas a otras. La hoja se marca por la presión de mi mano.

Salgo y me quedo en la plaza frente a la comisaría mirando para todos lados durante mucho rato. Sentado primero. Después de pie. Giro la cabeza constantemente. Cada persona que cruza parece estar coordinada. Cada auto que pasa parece dar la vuelta a la manzana. Saco la libreta otra vez.

“tengo miedo”
“no es real”
“paranoia”
“calma”
“nadie te sigue”

Las letras ya casi no se entienden.

De pronto corro hacia emergencias. Entro, cruzo el pasillo, me meto al baño. Cierro la puerta. Escucho pasos afuera y estoy convencido de que esperan el momento. Salgo y me siento en una silla. Todos me esperan. Todos saben. No hay nadie que no esté involucrado.

Escribo otra vez, con la mano temblando:

“paranoia”
“no es real”
“tengo miedo”
“calma”

Me quedo lo que puedo. Pero la sensación no baja. Entonces corro hacia afuera.

Corro por toda la ciudad. Cruzo avenidas. Doblo esquinas sin pensar. Los autos parecen seguirme, uno tras otro. Si acelero, aceleran. Si giro, giran. Miro atrás cada pocos pasos. Siento que toda La Serena es un cerco que se estrecha.

Vuelvo cerca del puente. Miro las piedras abajo. Pienso otra vez en saltar. Pienso que sería más fácil que seguir huyendo. Pero también pienso que abajo podrían estar esperándome. No hay salida que no esté vigilada.

La noche se vuelve interminable. Mis piernas arden. Me escondo detrás de autos, detrás de muros. La ciudad es un animal enorme respirándome encima.

Y entonces el cielo empieza a aclarar.

Primero gris. Después azul pálido. Las sombras se hacen pequeñas. Los autos ya no reducen la velocidad. Las personas caminan sin mirarme. La mujer no está. Las bicicletas no están. El puente es solo concreto y piedras secas.

Me detengo. Abro la libreta. Las páginas están llenas de las mismas palabras repetidas: “tengo miedo”, “paranoia”, “no es real”, “nadie te sigue”, “calma”.

Cuando el sol termina de salir, algo en mi cabeza se afloja. La presión en la espalda desaparece. Ya no siento pasos detrás.

Camino hasta casa agotado. Entro. Cierro la puerta. Me quedo quieto.

Publicado por Ramón Morales

Drogas, medicamentos y adicciones: Explorando la ciencia ilícita. http://illicit.science.blog

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