Son las 1 de la mañana y Carlos tiene hambre. Busca en la basura algo de comer. Encuentra un poco de marihuana.
— Bien, esto es excelente — se dijo
Fuma un poco en una boleta sucia que encontró. Carlos con hambre y sin dormir hace dias por las drogas que consumía; comenzó a sentir los efectos de la marihuana. Se sentía relajado.
— Ya se donde hay comida — lo presentía.
Camino fuera de los bares y en uno encontró una bolsa con limones
— Esto me alcanzara por la noche. Pero debo asegurarme de que no me los roben.
Miraba a todos con recelo. Todos podrían quitarle sus limones.
No podía descansar debía guardarlos donde nadie los encuentre.
Fue a la playa.
Habia mucha gente. Por una tocata que estaban haciendo, era «santa feria». Un grupo que a él le gustaba, pero tenía algo más importante que hacer. No había probado ningún limón aún, aunque moría de hambre.
Tenia miedo de que en un descuido se los quitaran y no podía permitirlo.
Eran las 4 de la mañana y Carlos aún buscaba donde esconder sus limones, muerto de hambre y sueño. Se le ocurre enterrarlos en la arena.
— Volveré cuando sea seguro, está noche tengo muy mala intuición.
Se va, pero no muy lejos. Vigilando siempre.
Encuentra un cigarro, lo prende, se mueve de un lado a otro fumando. Inquieto. Vigilando.
Se hacen las 6 de la mañana y empieza a amanecer
— Ahora trataré de ir a comer — Se dijo, pero tenía un mal presentimiento.
Desenterró la bolsa. La abrió con mucho cuidado, aunque sentía mucha hambre. Había esperado toda la noche para esto y finalmente cuando la abrió, miró dentro de la bolsa y se dijo.
— ¡Están podridos!