Carta a 100 años

Ramon

Estoy como una caida en picada, pero contemplarme viejo, con mucha barba y sin pelo, me hace pensar que llegare a viejo como sea que llegue pero llegare.

Mas sabio, mas vivido, quizas que me diga a mi mismo, pero hay algo que estoy seguro, no me enojare conmigo, estoy mal ya lo se a esta edad y mas viejo a mis 100 años estare mas sobrio de vida. Mas critico.

El me diria algo como esto: — Ramon, tu puedes solo debes aguantar, recuerda que la adiccion es compleja igual que tú, pero caer no te define, levantarte si lo hace, siempre desearas la droga, porque esta instalada en tu cerebro, tu lo sabes has buscado mucho y eres inteligente, pero no siempre debes obedecer a tus deseos

Todos sufrimos y llevamos demonios hay unos mas oscuros que otros. Yo no tengo de que mas arrepentirme, que de esto, que no es algo menor, pero por lo menos a mi conciencia no debo cargarle mas que solo esto.

Ramon recupera a tu familia, tu puedes, yo lo se

Paranoia

Cruzando el puente está muy oscuro. Empiezo a sentir que me siguen para asaltarme. Lo siento en la espalda, como si alguien caminara justo detrás, respirándome en la nuca. Miro. No veo a nadie. Vuelvo a mirar. Creo que lo veo. No estoy seguro. Miro otra vez… y corro, porque sé que me siguen.

El puente parece más largo de lo normal. Abajo no hay agua, solo piedras. Pienso en saltar. La idea me atraviesa como un relámpago: si salto, se acaba la persecución. Pero inmediatamente pienso que abajo también podrían estar esperándome, escondidos entre las piedras. No hay salida segura.

Llego finalmente al otro lado del puente. Pienso en ir a la comisaría, solo dos calles para llegar. No paro de mirar si alguien me sigue. No veo a nadie… pero creo que hay alguien adelante mío. Cambio de ruta para no toparlo. Veo gente en bicicletas. Sé que me esperan. Corro en sentido contrario. Vuelvo hacia la salida del puente mirando a todas partes.

Cada auto que pasa siento que reduce la velocidad. Cada faro parece girar hacia mí. Estoy convencido de que todos los autos me siguen. Todos. Y no solo los autos: cada persona que camina por la vereda, cada ventana encendida, cada sombra. Toda la ciudad está despierta para mí.

Veo a una mujer entrando al puente, pero se devuelve. Iba por mí, estoy seguro.

Ahora sí me decido. Corro hacia la comisaría. Solo me falta una calle. Miro atrás: dos personas con bicicletas vienen detrás. Corro lo más rápido que puedo y finalmente llego a la comisaría.

Entro agitado. Y ahí está la señora que iba entrando al puente. Sentada en una silla. Me quedo paralizado. Ella levanta la vista apenas un segundo. Estoy seguro de que está avisando.

No hablo. Me siento lejos. Saco mi libreta de bolsillo. Mis manos tiemblan tanto que apenas puedo sostener el lápiz. Escribo grande, desordenado:

“tengo miedo”
“paranoia”
“paranoia”
“paranoia”
“no es real”
“nadie te sigue”
“calma”
“no es real”

Levanto la vista a cada segundo. Miro alrededor. Vuelvo a escribir. Las palabras se pisan unas a otras. La hoja se marca por la presión de mi mano.

Salgo y me quedo en la plaza frente a la comisaría mirando para todos lados durante mucho rato. Sentado primero. Después de pie. Giro la cabeza constantemente. Cada persona que cruza parece estar coordinada. Cada auto que pasa parece dar la vuelta a la manzana. Saco la libreta otra vez.

“tengo miedo”
“no es real”
“paranoia”
“calma”
“nadie te sigue”

Las letras ya casi no se entienden.

De pronto corro hacia emergencias. Entro, cruzo el pasillo, me meto al baño. Cierro la puerta. Escucho pasos afuera y estoy convencido de que esperan el momento. Salgo y me siento en una silla. Todos me esperan. Todos saben. No hay nadie que no esté involucrado.

Escribo otra vez, con la mano temblando:

“paranoia”
“no es real”
“tengo miedo”
“calma”

Me quedo lo que puedo. Pero la sensación no baja. Entonces corro hacia afuera.

Corro por toda la ciudad. Cruzo avenidas. Doblo esquinas sin pensar. Los autos parecen seguirme, uno tras otro. Si acelero, aceleran. Si giro, giran. Miro atrás cada pocos pasos. Siento que toda La Serena es un cerco que se estrecha.

Vuelvo cerca del puente. Miro las piedras abajo. Pienso otra vez en saltar. Pienso que sería más fácil que seguir huyendo. Pero también pienso que abajo podrían estar esperándome. No hay salida que no esté vigilada.

La noche se vuelve interminable. Mis piernas arden. Me escondo detrás de autos, detrás de muros. La ciudad es un animal enorme respirándome encima.

Y entonces el cielo empieza a aclarar.

Primero gris. Después azul pálido. Las sombras se hacen pequeñas. Los autos ya no reducen la velocidad. Las personas caminan sin mirarme. La mujer no está. Las bicicletas no están. El puente es solo concreto y piedras secas.

Me detengo. Abro la libreta. Las páginas están llenas de las mismas palabras repetidas: “tengo miedo”, “paranoia”, “no es real”, “nadie te sigue”, “calma”.

Cuando el sol termina de salir, algo en mi cabeza se afloja. La presión en la espalda desaparece. Ya no siento pasos detrás.

Camino hasta casa agotado. Entro. Cierro la puerta. Me quedo quieto.

medicamentos recetados usados sin supervisión

Cada vez que vamos al medico nos recetan algún medicamento, y muchos pueden ser de abuso, por ejemplo la Zopiclona.

Yo tuve una experiencia de abuso de esa pastilla y la contare para contextualizar el mal uso de un medicamento recetado pero con mal uso,

Esto fue para la pandemia usando un médico online me mando una receta a mi correo, y yo fui a una farmacia y mostré la receta y me dieron las pastillas, 3 cajas porque era para 3 meses, y se me ocurrió pasar por todas las farmacias de la cuidad comprando esa pastilla porque además de barata era muy buena para re vender, eso fue lo que pensé en primera instancia.

Después de la primera caja ya había cambiado de parecer sobre la venta y empecé a abusar de ellas me tomaba 3 pastillas apenas despertaba después dos mas juntos con marihuana y cocaína 5 en total mas 1 vino, y me sentia con mucha confianza nada de nervios, ese era mi desayuno diario durante casi 1 año.

Y así bajo el efecto de esa bomba química que llevaba encima iba a trabajar. Nunca me dijeron nada en mi trabajo iba junto con mis compañeros en una camioneta un rato y me dejaban en mi cabina monitoreando camiones que llevaban polvos y partes de explosivos.

Dure lo que duraron las pastillas y renuncie…

Bueno ese es un ejemplo muy malo de lo que se puede hacer con esas pastillas pero también esta el lado bueno.

Por ejemplo hace un tiempo junto a la casa donde yo vivía antes, estaban construyendo una placita y yo trabajaba de noche entonces en el día necesitaba dormir pero la obra no iba a parar solamente por mi y no me dejaban dormir, acudí a lo mismo de antes un medico online y me receto también zopiclona para dormir por unos meses hasta que terminaran la obra, pero esta vez si la use de forma correcta. Tomaba 1 pastilla cada vez que me acostaba a adormir y dormía muy bien, despertaba con animo y ganas de ir a trabajar.

Paracelso dijo una vez «la dosis hace al veneno» y no pudo tener mas razón al decirlo

dos caras de una misma sustancia: en un momento fue escape, exceso y autodestrucción, en otro, fue herramienta, descanso y equilibrio. La zopiclona no cambió. Cambió la intención, la dosis y la conciencia con la que la use.

La combinación de un hipnótico con alcohol y cocaína es especialmente riesgosa: hay depresión del sistema nervioso central por un lado y estimulación extrema por otro. Esa confianza que describía al principio de mi relato no era estabilidad, era desinhibición química.

Con la zopiclona viví las dos caras: cuando la usé sin límites fue veneno; cuando la usé con responsabilidad, fue ayuda. Entendí en carne propia lo que dijo Paracelso

Yo entiendo que Paracelso no solo habla de miligramos, sino de límites, responsabilidad y autoconocimiento.

Mi experiencia demuestra que el peligro no siempre está en la sustancia, sino en la relación que construimos con ella.

El hospital no siempre salva: recaídas después de casi morir

El año 2024 tuve una sobredosis de pastillas intentando suicidarme por que yo sentía que no valía nada, pero no era eso, lo que yo no notaba que era mi real problema, la cocaína, salí del hospital 3 meses después. Seguí pensando en suicidio durante mucho tiempo, lo planeaba mientras estaba drogado, y seguía sin notar mi verdadero problema, que era la droga.

Año 2025 día 2 de diciembre me tome el doble de pastillas que las que me había tomado el año anterior esta vez mejor planeado, pero me encontraron igual, estuve solo 2 meses hospitalizado con psiquiatra y psicóloga y saliendo de la hospitalización, estuve una semana fuera y me volví a drogar.

Ahora no pienso en suicidio, entiendo mi problema, es querer tapar mis problemas con otro problema mucho peor. El bajón de la cocaína no solo da insomnio o sudoración fría, da también depresión y eso yo no lo sabia. Lo que sentía era lo contrario me sentía feliz, me sentía de muy buen humor, y con energía.

Pero yo abuse y tuve mis consecuencias.

¿Por que no dejas de consumir? eso es solo fuerza de voluntad

Es una pregunta super valida y si la hacen de forma humilde y desde el desconocimiento, no debería molestarme. Pero cuando me lo dicen con soberbia de que creen saber la respuesta y con actitud de que es tan simple como tener fuerza de voluntad. Eso me molesta. Y vaya que es mucha la gente que me topo así.

Creen tener la verdad única y siempre les digo que escriban un libro entonces, con la respuesta, para que se ganen el premio nobel por tener la cura a la adicción.

Cuando te toca entiendes que no es tan simple como «échale ganas»

La adicción es un tema muy complejo que combina factores psicológicos, sociales y físicos. Es sumamente complejo pero creen tener una respuesta simple. La cura podemos tenerla pero hay que trabajar esos tres factores y hacerlo de manera personalizada, sino no se lograra nada.

Ahora, es verdad que hay que querer mejorar, porque es una trabajo en equipo de los profesionales junto con el paciente. Pero no es tan fácil como simplemente tener fuerza de voluntad.

El que sabe mas, no es mas inteligente

Esto lo he pensado por mucho tiempo desde que era un niño porque me cuestionaba mucho cada vez que tenia una sobredosis los doctores, gente muy «inteligente» que me atendían me decían cosas hirientes. Yo nunca fui mal educado, ni pesado con nadie he sido soy amable y gentil siempre.

Pero cuando me atendía personal que no sabia de adicciones o problemas mentales me decían cosas como «si te quieres morir entonces muérete», «ya estamos bastante grandecitos para esto», muchas veces me amarraron a la camilla porque yo iba mucho al baño, yo no entendía cual era la lógica de eso, al final terminaba orinándome y mas me retaban, muchas veces llore escondido en las noches por el trato que me daban, yo no molestaba a nadie y era chico solo un niño, a esta edad a mis 31 años ya no me importa lo que me digan porque se que son unos ignorantes con poca empatía a pacientes que no entienden y no quieren entender.

Es por eso que entendí que la gente puede saber mucho de un tema pero eso no los hace inteligentes.

Así se ve una recaída por dentro

La gente piensa que la recaída empieza con la sustancia, pero empieza mucho antes.

Empieza con una discusión pequeña, sin sentido pero que te deja mal por dentro. Con una sensación de «ya hice suficiente esfuerzo»

No es impulso, es negociación

«yo puedo», «yo lo controlo», «la ultima», «solo un poco».

La mente no grita, susurra. Y con tu propia voz

No quieres hacerlo, pero tampoco quieres sentir lo que estás sintiendo.

Empiezas a recordar lo bueno, nunca lo malo.

No recuerdas la vergüenza, no recuerdas el sudor frío, no recuerdas a quién le mentiste.

Recuerdas la anestesia.

La recaída es una historia mal contada donde borras los capítulos finales.

Hay un segundo — muy pequeño — donde todavía puedes parar. Lo sabes. Lo sientes.

Y decides cruzarlo igual.

No porque seas débil, sino porque estás agotado de pelear contigo mismo.

Ese es el punto que nadie ve.

Hay alivio. Claro que lo hay. Si no lo hubiera, nadie recaería.

Pero el alivio es corto, artificial, prestado.

Y en el fondo, incluso mientras consumes, sabes que algo se rompió.

La recaída no borra tu progreso. Pero sí te enfrenta con tu dolor sin maquillaje.

Expertos como Gabor Maté han hablado de cómo la adicción no es el problema principal, sino el intento de aliviar un dolor más profundo. Y eso es lo que vuelve en la recaída: no la sustancia, sino el dolor original.

La recaída no es amor por la droga.

Es miedo a sentir.

Raymond

En las playas de serena, vivía Raymond, un adicto en recuperación, y un día caminando por la playa se da cuenta que no llevo su celular con el y se acerca a un tipo para preguntar la hora.

— Disculpe amigo, ¿Que hora es? — dice Raymond al tipo

— son las 4:20 — contesta el tipo.

— ja! Yo antes hubiera hecho una broma con eso

El tipo lo mira y le dice — entiendo a lo que te refieres, yo también —

Raymond lo mira y le dice — Tuve un pasado oscuro con eso ¿sabes?

— ¿Con la marihuana?

— Si, bueno con eso y más

— Ha entiendo

— Tuve mi pasado oscuro

— Mira no quiero hablar de drogas, me traen malos recuerdos.

— No te quise incomodar, solo fue por conversar.

— No te preocupes, yo solo vengo a ver las olas romper en la rocas, eso me calma.

— Entiendo completamente lo que dices.

— El tipo mira a Raymond con curiosidad y le pregunta — ¿Como podrías entenderme?

— Era un tipo con problemas, sigo peleando con mis demonios, pero los tengo controlados.

— Ex adicto?

— Adicto en recuperación — Le contesta Raymond

— Te falta terapia entonces.

— Nunca será suficiente.

— Entonces nunca estarás curado

— La adicción no se cura. Siempre hay que tener un rol de cuidado activo, para no caer de nuevo.

— No amigo, yo estoy curado

— La mente adicta es oportunista, si te pilla volando bajo te atrapará y no te querrá soltar. Pero bueno yo no soy terapeuta, solo soy alguien que te pidió la hora. Chao amigo cuídate

— Tú también.

Intensidad química

Era una persona muy tranquila, muy ansiosa, y depresiva pero nunca lo demostré y nunca lo hablé.

La cocaína me dio la libertad de ser quien quería ser. Extrovertido, hablador, simpático y amigable.

Nunca tuve problemas con nadie, hasta ese momento, mientras estaba drogado.

Pero con el tiempo mientras iba consumiendo más y más yo también me iba poniendo más extrovertido, más intenso y hasta más patudo.

La droga me daba velocidad, me volvía el personaje que yo quería ser, tapaba el verdadero yo. No me daba cuenta que la verdad no era que me daba confianza le daba volumen a mis inseguridades y eso es algo que estoy trabajando ahora que puedo ordenar mis ideas escribiendo.

Ahora controlo mis inseguridades no consumiendolas si no que escribiendolas.

La droga me daba velocidad, la escritura dirección

Cuando empecé a consumir, note mucha intensidad en mi, pero descontrolado era puro caos y autodestrucción. Seguí así por mucho tiempo, hasta que toqué fondo mas de una vez y comencé a escribir, la escritura me dio dirección. Encontré una forma de liberación terapéutica que no había sentido antes, solté todo el caos reprimido y lo convertí en palabras, al principio solo escribía sin sentido claro, pero ahora ya encontré el camino de la liberación y eso me ha ayudado a dejar de consumir. Quizás no tenga que ver una cosa con otra, pero a mi, personalmente me libero las emociones y ordeno el caos le dio dirección.

Y eso influyo directamente en que yo dejara el consumo de drogas, ya que deje de huir de las emociones que tapaba con las drogas y las comencé a enfrentar.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar