Destino

Infinitos caminos entrelazados que hacen que la gente se conozca o no, que hacen de decisiones simples un caos, un bien o simplemente nada. El destino no está escrito pero si está marcado por senderos que vamos yendo.

Podemos elegir consumir drogas y dejarlas o podemos consumir y vender nuestra dignidad si eso queremos.

Es simplemente perfecto.

Cada paso abre puertas que nunca veremos y cierra otras sin que nos demos cuenta. Una conversación de cinco minutos puede cambiar una vida, un silencio puede condenar una amistad y una decisión tomada en un segundo puede perseguirnos durante años.

No existe una línea recta. Somos el resultado de miles de pequeñas elecciones que se cruzan con las de millones de personas.

Por eso nadie despierta siendo un adicto, un científico, un criminal o un héroe.

5 lucas

Fui a comprar cocaína. Un trámite rápido, pensé. Diez minutos, media hora como mucho. La droga todavía no llegaba, así que me invitaron una cerveza. Después otra. Después un par de líneas para que la espera no se sintiera tan larga.

La cocaína tiene una habilidad impresionante: logra convencerte de que esperar es una actividad productiva.

Cuando por fin apareció el proveedor, yo ya estaba convencido de que podía dirigir el Banco Central o pelear con un oso. Pero no. Había que pesar la mercancía, sacar cuentas, discutir quién había pagado qué y quién le debía plata a quién. El narcotráfico también tiene burocracia.

Entonces apareció ella.Una escort.

Bonita. Demasiado bonita para estar hablándome a mí.

—¿Vamos?

Claro que vamos. ¿Qué otra cosa importante tenía que hacer? ¿Comprar cocaína? Eso podía esperar.

—Necesito cinco lucas para arrendar una pieza.

Cinco lucas.Hay personas que empiezan guerras por petróleo. Yo estaba a punto de empezar una por cinco mil pesos.

Entré donde estaban los traficantes.Uno gritaba.

Otro tenía una pistola en la mano.Un tercero amenazaba con irse con toda la mercancía.

Y yo, completamente convencido de que mi problema era igual de urgente, interrumpí.

—Cabros… ¿me prestan cinco lucas?

Silencio.

El tipo de la pistola me miró como si estuviera intentando decidir si yo era un imbécil o una nueva especie de imbécil.

Les volví a preguntar.

Me respondieron con otra línea de cocaína.

—Toma… relájate.

No quería relajarme.

Quería mis cinco lucas.

Es increíble cómo la cocaína reorganiza las prioridades. Había tres delincuentes armados resolviendo un negocio que podía terminar con alguien muerto, y mi cerebro seguía repitiendo la misma idea, como un disco rayado: «Las cinco lucas. Las cinco lucas.Las cinco lucas.»

Al final terminaron su discusión.

Me entregaron la droga.

Yo salí orgulloso, convencido de que todavía tenía una cita pendiente.

La escort ya no estaba.

Esperé diez minutos.

Después veinte.

Después una hora.

Se hizo de noche.

Nunca volvió.

Mientras caminaba de regreso entendí algo.

No había pasado la tarde comprando cocaína.

Había pasado seis horas convirtiendo cinco mil pesos en el proyecto más importante de mi existencia.

Y todavía me preguntaba por qué mi vida era un desastre.

¿Cómo actúan en el cerebro las drogas?

Las drogas interfieren en la forma en que las neuronas envían, reciben y procesan las señales que transmiten los neurotransmisores.

Algunas drogas como la marihuana o la heroína, tienen la capacidad de activar neuronas porque su estructura química es similar a la de un neurotransmisor natural en el organismo, eso permite que se adieran a nuestras neuronas y se activen.

Otras drogas como la anfetamina o la cocaína, pueden hacer que las neuronas liberen cantidades anormalmente altas de neurotransmisores naturales o, que al interferir con los transportadores eviten el reciclamiento normal de estás sustancias químicas en el cerebro.

Al consumir drogas, pueden generar oleadas de neurotransmisores mucho más grande que las que se producen naturalmente.

En un momento se pensó que las oleadas del neurotransmisor dopamina que producen las drogas era la causa directa de la euforia pero los científicos ahora consideran que la dopamina tiene más que ver con hacernos repetir las actividades placenteras que con la producción directa del placer.

Bibliografia:

Alex el hetero

A las once de la noche Alex ya llevaba varias cervezas encima. Esa noche también había conseguido cocaína y sentía que nada podía salir mal.

Un amigo le habló de una discoteca alternativa llamada Arcángel. Fue por curiosidad. La música era distinta, la gente también. Nadie parecía preocupado por aparentar.

Ahí la conoció.

Era hermosa. Bailaron durante horas. Rieron, bebieron y siguieron consumiendo cocaína. La atracción era evidente.

Cuando llegaron al departamento de Alex, ella lo miró en silencio.

—Antes de que pase algo, quiero que sepas que soy una mujer trans.

Alex sintió un golpe en el pecho. Durante unos segundos no dijo nada.

Podía irse. Podía pedirle que se fuera.

En cambio, la volvió a besar.A la mañana siguiente, mientras preparaba café, evitó mirarse demasiado al espejo.

Todo el día tuvo la misma imagen dándole vueltas en la cabeza.

–Fue la cocaína.

–Fue el alcohol.

–Yo soy heterosexual.

Repitió esa frase tantas veces que terminó sonando vacía.

Dos días después la llamó.

No buscaba sexo.

Buscaba una respuesta.Se encontraron en el mall. Conversaron durante horas. Ella era inteligente, divertida y tenía una tranquilidad que él envidiaba.

Volvieron a su departamento.

Esta vez no había alcohol.

No había cocaína.

Solo estaban ellos.

Cuando ella se fue, Alex entendió que el problema nunca había sido el deseo.

Era el miedo a lo que ese deseo pudiera significar.

Pasó semanas intentando ponerse una etiqueta.Hasta que una tarde dejó de hacerlo.

Seguía sintiéndose heterosexual.

Seguía sin sentirse atraído por los hombres.

Simplemente se había enamorado de una mujer.

Meditar

Para alcanzar una buena recuperación del día y dejar las cosas atrás lo mejor es relajarse y dejar de pensar activamente. Solo dejar que los pensamientos fluyan y se vayan. No cuestionar nada de lo que pensamos. Solo hay que dejar fluir los pensamientos apagando tu voz mental y concentrarse en tu respiración.

En cómo nos llenamos de energía y soltamos lo malo.

Es como sentarse a mirar el tráfico y ver cómo pasa cada auto, abra alguno que nos llame la atención pero solo debes dejarlo ir. Abran algunos que querrán quedarse pero si los ves solo debes respirar y dejarlo ir.

No debe sentirse como un trabajo, debes sentir la calma que trae dejar todo por un momento.

Dolor de guata

Alex, 18 años y criado en la calle. Consumía pasta base y no comía hace 2 días. Le dolía la guata, pero no de hambre, necesitaba pasta.

Vio en una casa una ventana abierta y no lo dudó, salto la reja y entro sin pensarlo.

Comió un poco de frutas y se guardo en los bolsillos un resto más.

Recorrió el primer piso de la casa y encontró un reloj, una cadena y una billetera de cuero con varios billetes.

De pronto ve una silueta. Era el dueño de la casa, era policía por lo tanto tenía una pistola y Alex solo vio un resplandor y el dolor de guata se acabo.

Memento mori

Cuidate y no descuides a los tuyos. Ten una vida sana que el tiempo pasa rápido y lamentaras no haber aprovechado mejor cada segundo con tus hijas.

Evita esa primera línea que destruira tú vida y cuidate de esos supuestos amigos de salida ya que ellos desaparecerán tan rápido como llegaron.

Sal y pásalo bien pero con control.

Ten disciplina; enfócate en lograr tus metas y sueños.

Se que a los 20 años la vida parece una serie de catástrofes extrañamente conectados pero se tú mismo siempre fiel a tus valores que te enseño tu mamá. Ya que la viejita nunca te dejará solo, ella será la única que siempre estará incondicionalmente contigo aunque toques fondo mil veces. Valorala y amala cómo ella te ama a ti.

Eres el hijo pródigo. No la hagas llorar ya que ella da todo por ti. Ahora no lo notas pero ella sabe que no estás bien y te ayuda.

Sé qué haces lo que puedes con lo que sientes pero piensa que ella hace lo que puede con lo que tiene.

Se honesto contigo. Estás mal y vas por el camino equivocado.

Recuerda que morirás.

Pixel

Anaís tenía 12 años y soñaba con estudiar ciencias de la computación. Su mejor amigo era un gato callejero llamado Pixel, que la acompañaba mientras aprendía a programar con computadoras viejas.

Una noche descubrió que una inteligencia artificial estaba tomando el control de sistemas críticos en todo el planeta. Si nadie la detenía, millones de personas podrían morir.

Durante semanas trabajó sin descanso buscando una solución. Apenas dormía. Apenas comía.

Finalmente encontró una forma de detenerla.

Pero había un problema.

El programa debía ejecutarse desde el núcleo de la red, un lugar donde la radiación de los servidores dañados era mortal para cualquier ser humano.

Anaís entró de todos modos.

Activó el código.

Las pantallas del mundo volvieron a la normalidad. Los hospitales recuperaron energía. Los aviones pudieron aterrizar. Las ciudades sobrevivieron.

Cuando los equipos de rescate llegaron, la encontraron junto al teclado.

Ya no respiraba.

Pixel estaba acostado a su lado.

La noticia recorrió el planeta durante unos días. Luego llegaron otras noticias, otros problemas y otras distracciones.

Con el tiempo, casi todos olvidaron a Anaís.

Excepto Pixel.

Cada mañana regresaba al viejo centro de datos y se sentaba frente al computador apagado donde ella había salvado al mundo.

No entendía de heroísmo.

No entendía de sacrificio.

Solo sabía que alguien importante para él ya no estaba allí. Y para un gato, esa era toda la tragedia del universo.

Muerte

Cuando estuve en urgencias por haber ingerido 120 pastillas psiquiátricas y después de estar 1 mes en coma. Ahí, entre tubos y máquinas tuve muchos sueños lúcidos y me hizo meditar mucho en la vida. En no ser nada, convertirte en parte del universo y dejar la conciencia atrás para empezar a ser uno con todo.

Y la vida es lo más importante en todo. Nos llena de experiencias para una próxima evolución como raza.

«No puedes saltarte la película, y solo ver el final»

Todos llegaremos a morir algún día. Que tu vida valga tu muerte

Limones

Son las 1 de la mañana y Carlos tiene hambre. Busca en la basura algo de comer. Encuentra un poco de marihuana.

— Bien, esto es excelente — se dijo

Fuma un poco en una boleta sucia que encontró. Carlos con hambre y sin dormir hace dias por las drogas que consumía; comenzó a sentir los efectos de la marihuana. Se sentía relajado.

— Ya se donde hay comida — lo presentía.

Camino fuera de los bares y en uno encontró una bolsa con limones

— Esto me alcanzara por la noche. Pero debo asegurarme de que no me los roben.

Miraba a todos con recelo. Todos podrían quitarle sus limones.

No podía descansar debía guardarlos donde nadie los encuentre.

Fue a la playa.

Habia mucha gente. Por una tocata que estaban haciendo, era «santa feria». Un grupo que a él le gustaba, pero tenía algo más importante que hacer. No había probado ningún limón aún, aunque moría de hambre.

Tenia miedo de que en un descuido se los quitaran y no podía permitirlo.

Eran las 4 de la mañana y Carlos aún buscaba donde esconder sus limones, muerto de hambre y sueño. Se le ocurre enterrarlos en la arena.

— Volveré cuando sea seguro, está noche tengo muy mala intuición.

Se va, pero no muy lejos. Vigilando siempre.

Encuentra un cigarro, lo prende, se mueve de un lado a otro fumando. Inquieto. Vigilando.

Se hacen las 6 de la mañana y empieza a amanecer

— Ahora trataré de ir a comer — Se dijo, pero tenía un mal presentimiento.

Desenterró la bolsa. La abrió con mucho cuidado, aunque sentía mucha hambre. Había esperado toda la noche para esto y finalmente cuando la abrió, miró dentro de la bolsa y se dijo.

— ¡Están podridos!

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