Pixel

Anaís tenía 12 años y soñaba con estudiar ciencias de la computación. Su mejor amigo era un gato callejero llamado Pixel, que la acompañaba mientras aprendía a programar con computadoras viejas.

Una noche descubrió que una inteligencia artificial estaba tomando el control de sistemas críticos en todo el planeta. Si nadie la detenía, millones de personas podrían morir.

Durante semanas trabajó sin descanso buscando una solución. Apenas dormía. Apenas comía.

Finalmente encontró una forma de detenerla.

Pero había un problema.

El programa debía ejecutarse desde el núcleo de la red, un lugar donde la radiación de los servidores dañados era mortal para cualquier ser humano.

Anaís entró de todos modos.

Activó el código.

Las pantallas del mundo volvieron a la normalidad. Los hospitales recuperaron energía. Los aviones pudieron aterrizar. Las ciudades sobrevivieron.

Cuando los equipos de rescate llegaron, la encontraron junto al teclado.

Ya no respiraba.

Pixel estaba acostado a su lado.

La noticia recorrió el planeta durante unos días. Luego llegaron otras noticias, otros problemas y otras distracciones.

Con el tiempo, casi todos olvidaron a Anaís.

Excepto Pixel.

Cada mañana regresaba al viejo centro de datos y se sentaba frente al computador apagado donde ella había salvado al mundo.

No entendía de heroísmo.

No entendía de sacrificio.

Solo sabía que alguien importante para él ya no estaba allí. Y para un gato, esa era toda la tragedia del universo.

Muerte

Cuando estuve en urgencias por haber ingerido 120 pastillas psiquiátricas y después de estar 1 mes en coma. Ahí, entre tubos y máquinas tuve muchos sueños lúcidos y me hizo meditar mucho en la vida. En no ser nada, convertirte en parte del universo y dejar la conciencia atrás para empezar a ser uno con todo.

Y la vida es lo más importante en todo. Nos llena de experiencias para una próxima evolución como raza.

«No puedes saltarte la película, y solo ver el final»

Todos llegaremos a morir algún día. Que tu vida valga tu muerte

Limones

Son las 1 de la mañana y Carlos tiene hambre. Busca en la basura algo de comer. Encuentra un poco de marihuana.

— Bien, esto es excelente — se dijo

Fuma un poco en una boleta sucia que encontró. Carlos con hambre y sin dormir hace dias por las drogas que consumía; comenzó a sentir los efectos de la marihuana. Se sentía relajado.

— Ya se donde hay comida — lo presentía.

Camino fuera de los bares y en uno encontró una bolsa con limones

— Esto me alcanzara por la noche. Pero debo asegurarme de que no me los roben.

Miraba a todos con recelo. Todos podrían quitarle sus limones.

No podía descansar debía guardarlos donde nadie los encuentre.

Fue a la playa.

Habia mucha gente. Por una tocata que estaban haciendo, era «santa feria». Un grupo que a él le gustaba, pero tenía algo más importante que hacer. No había probado ningún limón aún, aunque moría de hambre.

Tenia miedo de que en un descuido se los quitaran y no podía permitirlo.

Eran las 4 de la mañana y Carlos aún buscaba donde esconder sus limones, muerto de hambre y sueño. Se le ocurre enterrarlos en la arena.

— Volveré cuando sea seguro, está noche tengo muy mala intuición.

Se va, pero no muy lejos. Vigilando siempre.

Encuentra un cigarro, lo prende, se mueve de un lado a otro fumando. Inquieto. Vigilando.

Se hacen las 6 de la mañana y empieza a amanecer

— Ahora trataré de ir a comer — Se dijo, pero tenía un mal presentimiento.

Desenterró la bolsa. La abrió con mucho cuidado, aunque sentía mucha hambre. Había esperado toda la noche para esto y finalmente cuando la abrió, miró dentro de la bolsa y se dijo.

— ¡Están podridos!

Jesus

Estaba Jesús saliendo del psiquiatra, donde se encuentra a su único amigo. 

Jesús tenía ansiedad social y además de las pastillas que le recetaba el médico fumaba marihuana ocasionalmente.

— Jesús aún usas las pastillas que te recetan — le dice el amigo.

— Si como siempre… pero no mejoro.

— es porque esas pastillas no te ayudan, solo te adormecen.

— también fumo marihuana. me gusta.

— tengo algo mejor. Hongos alucinógenos.

— ¡Pero son muy fuertes! — responde Jesús con sorpresa.

— No hermano es una planta mágica, solamente debes entregarte, te ayudará.

jesus lo duda un momento y responde algo inseguro.

— esta bien. Pero solo un poco.

— bacán, vamos a esa plaza al costado del hospital.

— ya, vamos.

Van a la plaza donde las luces del hospital apenas alumbran las bancas.

— ok, aquí estamos. Toma 3 gramos. Disfruta el viaje.

Pasa 1 hora y Jesús aún no siente nada.

— estás seguro que estaban buenos los hongos aún no siento nada.

— le dice Jesús mirándolo a los ojos, mientras ve como la cara de su amigo se agranda y su sonrisa es enorme con dientes tan blancos que no parecen reales.

El amigo sigue hablando sobre el poder curativo de los hongos pero Jesús solo piensa en las personas que están al rededor, cómo suenan sus pisadas y sus conversaciones. De pronto empieza a oír risas y piensa que se ríen de él comienza a ver cómo todos lo observan y hablan de él, no puede soportarlo y huye a su casa donde se siente a salvo.

Corre mucho y al llegar a su casa cierra la puerta de golpe. El ruido retumbó en sus oídos y resonó en el vacío y poco iluminado de su casa, cerro con doble llave movio el Cerrojo para asegurarse.

Después inseguro de que bastará con los cerrojos, atranco una silla contra la puerta a modo de anticuado refuerzo.

Le costo refrenarse para no colocar cajas y todo lo que tuviera a mano.

El sudor le corría por la frente tenía la camisa azul que llevaba empapada de sudor. Se sentó pero no podía calmar su respiración, comenzó a agitarse más aún. Su doctor habría sabido que era pero él no lo identificaba. Paranoia 

Sigmund Freud

Muchos dicen que Sigmund Freud está sobrevalorado, pero olvidan que revolucionó la forma de entender la mente humana. Antes de él, hablar del inconsciente, los traumas o los conflictos internos era algo casi inexistente.

Aunque varias de sus teorías fueron cuestionadas con el tiempo, su importancia histórica sigue siendo enorme: abrió el camino para la psicología moderna y cambió para siempre la forma en que entendemos las emociones y la conducta humana. No hace falta que haya acertado en todo para reconocer que fue un pionero.

Sigmund Freud in Hampstead by ceridwen is licensed under CC-BY-SA 2.0

Amigos

suena el teléfono.
— alo


— alo, amigo, te quería preguntar, ¿me enseñas a andar en moto?


— Estoy con poca bencina


— Yo te lleno el tanque, te doy 1 gramo de weed y algo para comer


— ya! Voy para allá


Ya en la casa de su amiga.


— hola, cómo estás?


— bien y lista para aprender!


— es como andar en bici es muy fácil. Pero solo tengo 1 casco, hay que andar cerca


— ya!


El amigo le explica cómo pasar los cambios y a pasar el embrague; le pasa la moto


— con cuidado y no te vayas lejos– le dice la, él amigo.


La amiga comienza a andar un rato, y piensa que puede llevar a alguien más.


— súbete para que demos una vuelta — dice la amiga.


— Está bien, pero cerca.


— Una vuelta a la manzana. Tranqui.


Doblando por la esquina, se topan con policías motorizados y los detienen


— Sus documentos, porfavor– dice el policía.

El amigo le pasa sus documentos.


— están todos atrasados! — dice el policía — usted sabe que podría quitarle la moto por eso.


— oficial, disculpe solo le estaba enseñando a andar a mi amiga. Es nueva la acabo de comprar a segunda mano, ya la pondré al día, pero porfavor déjeme pasar esta vez!


— está bien pero déjenme revisarlos y se podrán ir.


El oficial los registra, primero revisa al amigo. Estaba limpio.


— señorita acérquese porfavor para revisarla.


El oficial le revisa el banano que llevaba, y encuentra mucha marihuana, demasiado para dejarlo pasar.


Llama a más patrullas y los llevan detenidos.


— porque no me dijiste que llevabas eso lo podríamos haber escondido bajo el asiento!


— perdón amigo, no pensé que tendríamos tanta mala suerte.


Llegan a la comisaría y les requisa la moto y la marihuana y la plata.


Pasan la noche en la comisaría pero los sueltan al otro día.


— ahora perdí mi moto! Por tu culpa!


— amigo te prometo que te ayudaré a recuperarla


— ojalá así sea! chao me voy, ya tengo hambre

Al día siguiente…


El amigo llama a la amiga, pero está no responde.


Marca a su amiga nuevamente.


— no contesta! Que voy a hacer! — piensa el amigo.


Le intenta hablar por WhatsApp pero, no le llegan los mensajes.


— mierda! Me cago ni sé donde vive!

Calle

1 de la mañana y Tony solo sentía hambre y sed. La guata le rugía como si no hubiera comido en días. Pensó en ir a los bares a buscar algo.


Afuera encontró cerveza en la basura. También limones, muchos limones, algunos todavía con jugo. Hasta que dio con una bolsa llena de pan. Estaba blando, pero en ese momento era una delicia.


Tony le perdió el asco a la basura. Ahí empezó a sentir algo parecido a libertad. Le gustaba leer y escribir; a veces se sentía como Diógenes, un vagabundo letrado.


Con la guata llena y la mañana acercándose, fue donde unos traficantes conocidos a comprar coca.


Probó la bolsa.


—Esta weá es tiza… me cagaron.


Fue a reclamar. Le pusieron una pistola en la cabeza. También un bate. Un mazo.


No era la primera vez. Igual sintió el frío en la sien, ese escalofrío que le recorría la espalda.
Insistió.


Hasta que llegó el dueño de la casa y ordenó que le devolvieran la plata.


Con el dinero en la mano, Tony siguió buscando. En el camino recogía colillas de marihuana.


Recordó a un conocido que vendía pasta base. Lo encontró.


—Mil pesos por el dato.


Pagó.


Esta vez sí consiguió la coca.


Para pasar la mañana.


Después, la misma plaza.

Elegir

Tony tenía la cabeza con muchas cosas, cada vez que estaba pensando en consumir cocaína se fumaba un cigarro.

Fumaba mucho, para él la libertad era no elegir consumir, pero sin darse cuenta se estaba amarrando con el tabaco, siempre pensaba «es solo tabaco para la ansiedad».

Sin darse cuenta estaba teniendo las conductas adictivas que él ya conocía pero no las veía.

— quiero dejar de pensar en cocaína — decía Tony con un cigarro en la mano.

Elegia fumar tabaco en vez de inhalar coca. Se sentía libre del consumo. Estaba feliz pero cambio una cosa por otra que él pensaba que era mejor.

Sacrificó sus pulmones para no perder la nariz.

Él creía que eso era libertad.

Hasta que en una caminata en la playa con un cigarro en la mano, le empezó a pesar el aire, le dolía el pecho, y se fatigo.

— No puedo con esto, necesito cambiar y encontrar libertad verdadera — pensó Tony con un cigarro en la mano

Trato de dejar el tabaco y sentía ansiedad, sudor en las manos y mucha ira e inquietud. Nada que él no haya conocido antes, sabía lo que era. Abstinencia.

Pero prefirió sentir y dejarlo pasar, porque él sabía que la verdadera libertad no era poder elegir lo que el quisiera, sino que era no elegir lo que lo amarraba aunque él lo quisiera.

No me hará daño

Después de pasar por un proceso de rehabilitación largo por cocaína, Tony creía que estaba a salvo, y para celebrarlo siempre en su caminata en la playa sacaba un tabaco.

Le encantaba sentir las olas y la brisa marina mezclándose con el humo del tabaco.

Luego se dio cuenta que fumar después de cada comida un tabaco era «rico» ya que le ayudaba a bajar la comida.

— gratificante — decía él después de cada tabaco.

Sin darse cuenta fumaba 4 cigarrillos al día.

— ¿Pero que es un poco de tabaco? no me hará daño — pensaba él

Cómo cada fin de semana, lo invitaron a jugar fútbol, era conocido por hacer muchos goles.

A los 15 minutos ya no podía más, a los 25 minutos se rindió, era demasiada la fatiga.

Se sentó en la banca a descansar.

Con el pecho apretado y la respiración pesada . Saco un cigarro… pero esta vez no lo encendió, solo lo miró

Illicit Science

Illicit Science nace de la experiencia, la curiosidad y la necesidad de entender.

No escribo desde la perfección.
Escribo desde el proceso.

No soy un profesional todavía.
Soy un entusiasta del mundo de los fármacos, de la ciencia detrás de las sustancias, de la química que altera la mente y del impacto que deja en la vida real.

Aquí no glorificamos el consumo.
No romantizamos la autodestrucción.
No ocultamos la realidad.

Hablamos de medicamentos, drogas y adicciones desde una perspectiva crítica, científica y humana. Porque detrás de cada sustancia hay mecanismos bioquímicos… pero detrás de cada consumo hay una historia.

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